Ha sido una semana
dura (mucho trabajo), pero cuando llega el viernes, desconexión
total. Me voy para casa y quedamos Toni y yo para hacer la marcha de
la Sierra de Cantabria, que muchos pensaréis que está en Cantabria,
¡pero no! La Sierra de Cantabria se encuentra en la Rioja Alavesa.
Salimos el viernes
por la noche, y tras varias horas de coche (nos perdimos un poco,
todo hay que decirlo), encontramos el pueblo de Lanciego, que es
desde donde parte la ruta del día siguiente. En realidad, la ruta va
desde Labastida a Lanciego. A la mañana siguiente varios autobuses
de la organización nos llevarían al punto de inicio de esta
singular ruta.
El comienzo de la
ruta no tiene nada del otro mundo.
La gente sube con
mucha fuerza. Muchos no saben lo que les espera después.
Vistas de la Rioja
Alavesa
Lo bueno que tienen
las cuestas es que separan a la gente:
Llegando al Toloño,
ruinas:
Llegando al primer
control. Primeras trepadas:
Este es Toni, para
los que no le conozcáis. Aun no sabe lo que le espera...
Dejamos las cumbres
para bajar por un precioso bosque:
Que verde está
todo:
Lo más bonito y
singular de esta ruta es lo verde que está la vertiente atlántica
en comparación con la cara sur – la que dá a la Rioja.
Volvemos a ascender.
Hemos llegado al
Puerto de la Herrera. Casi llevamos 3 horas andando. Aquí un cartel
que nos dice que adentramos en la Rioja Alavesa.
A partir de aquí,
la ruta se hace más …. ¿más dura, tal vez?
Empiezan los
primeros tramos de cresterio
Nuestro próximo
objetivo:
Fijaros en la
trepada:
La gente sube por
donde puede:
Y todavía nos queda
mucho más:
No puedes mostrarte
indiferente a semejante paisaje. Aquí se aprecia bien la diferencia
entre la vertiente atlántica y la sur.
Y por fin, la cosa
se pone... ¿bonita?
Si padeces vertigo,
no vayas:
La gente pasa como
puede:
No se puede correr:
Es una ruta
totalmente rompepiernas, sube-baja, y baja-sube
Mirada atrás:
A lo lejos, la
cresta del Palomares:
Pero primero hay que
llegar:
Una paradita para
recomponernos:
Y vuelta para
“arriba”, esta vez a cuatro patas:
El control de la
marcha está en lo alto del peñasco ese:
Y como no, hay que
volver a trepar:
“Habemus ciman”
Lo siento, toca
trepar de nuevo:
Brutales vistas de
la cresta:

Pasito de III+:
Que con cansancio
cuesta más de lo normal:
Toca trepar más:
La siguiente cima es
Larasa:
En la subida a
Larasa me juego el tipo con una roca que cae hacia mi. Por suerte, la
organización había puesto una cinta de la que consigo colgarme y
dejar paso libre al pedrusco, que de otro modo me hubiese reventado
la cara... ¡Menos mal que uno todavía tiene reflejos! No hay fotos
porque guardé la camara para la ascensión.
Y la Cruz del
Castillo:
Aquí Toni deja la
marcha por dolores musculares. A mi me toca seguir.
Mirada atrás:
Sigo cresteando
hasta el San Tirso:
Bonita cresta:
Hacia el este:
El Bonete de San
Tirso. ¡¡Algún día te escalaré!!
A partir de aquí me
tocó sacar fuerzas de flaqueza, y a pesar de que era todo “cuesta
abajo”... el camino era por pista y carretera hasta Lanciego: un
infierno, vamos!
Viñedos llegando a
Lanciego:
Y el merecido
premio: TRES platos de “Patatas a la Riojana” con costilla, y un
par de vasos de vino … ¡hasta arriba!
Aprovecho para
despedirme... hasta otra, ¡majetes!
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